Visitas de hoy en adelante... "Cualquiera" no contó el primer millón

Entre nos...

viernes, 31 de julio de 2009

Cómo del regocijo se producen los hijos


Espero ofender únicamente a los que se quieran ofender. Los demás, tienen mi autorización para ofenderse de gratis.

Será irreverente, pero mucho de cierto que tiene eso de que “del regocijo” se llega a los hijos.

Tiene explicaciones fisiológicas y lingüísticas, según el profundo análisis "del orine de las palabras" que realiza el estudioso Cristinito Hernández.

Y por cierto, recordamos que aunque el "Dinosaurio de la Academia de la Lengua" no lo explique como en la clase de anatomía comparada, del regocijo (Re-gos-hijo) se llega de forma natural (y sexual, por supuesto) a la descendencia. Si por alguna casualidad lo duda, compruébelo al escuchar la magistral disertación del inculto -pero "curtido"- profesor Hernández:

martes, 28 de julio de 2009

Textéame, plis... no soporto los mensajes de voz

El que se inventó los voice mails -o buzones de voz- perdió el tiempo conmigo... y con millones de personas que saben que no funcionan. A ver quién me contradice en los siguientes Cierto y Falso:

1. Los buzones de voz en las líneas telefónicas hogareñas son útiles para seleccionar las llamadas a contestar. (Cierto. No seamos hipócritas. Es cuestión de darle a un botón, escuchas el metal de voz, ¡y activas tu “no me importa mode” con un “delete”!)
2. Las cintas “se llenan” cuando tienen demasiados mensajes. (Falso. Acumulamos mensajes cuando nos hastiamos y ya no queremos recibir ni uno más.)
3. Los buzones de voz son excelentes para coordinar citas. (Falso. En estos casos es cuando se distinguen los valientes de los cobardes; y los olvidadizos de los embusteros. Pero, ¡ay del que se le daña la máquina! Cuando eso sucede, nadie le cree.)
4. Los padres se benefician de las líneas con voice mails. (Cierto. Pero únicamente para “oir” las voces de los hijos que no tienen tiempo de ver ni “escuchar”... que no es lo mismo.)
5. Los hijos se benefician de las líneas con voice mails. (Cierto. Dejar un mensaje en vez de pedir autorización es “negocio redondo” al momento de hacer lo que le venga en gana.)
6. Los mensajes son breves y directos. (Falso, falsísimo de toda falsedad. Algunas personas hacen hasta 3 llamadas corridas para dejar UN mensaje que se interrumpe con el conocido “biiiip”.)
7. Si son irritantes las grabaciones que invitan a dejar mensajes “breves”, más irritantes son las grabaciones que te invitan a dejar mensajes después de cogerte de idiota haciéndote pensar que están contestando “en vivo” (Cierto y más que cierto: son una falta de respeto.)

No sé si existe el mecanismo para enviar mensajes de texto a los teléfonos de tierra. Me imagino que sí... que algún teléfono se inventarán. Tendré que Googlear a ver si en Amazon o eBay aparece alguno. De todas formas, ¡Aleluya!, por el beneficio marginal que nos proveen las líneas de los móviles, aunque se tenga que pagar por ello.

Por mi parte, prefiero que me texteen. A los sonidos se los lleva el viento. La palabra escrita perdura tanto como permita la tecnología. Así -como quien dice- el texting queda en récord y no hay excusa para decir que no vimos el sobrecito en la pantalla del teléfono móvil.

Sin embargo, no importa el mecanismo ni la tecnología, al momento de autorizar los permisos de mis hijos, sólo se puede usar la palabra conversada, a Cualquiera le sucede que le roben la vuelta con un mensajito sin la debida aprobación. ¿O me equivoco?

domingo, 26 de julio de 2009

Las sopas verdes de una niña con aspiraciones a cocinera

Cuentan y no acaban de una niña que se arrimaba a su madre para descubrir el secreto de las delicias que salían de la cocina. Uno de los trucos parecía ser una mezcla que la madre trituraba en el Osterizer. Estaban presentes las cebollas con sus tantos vestidos de capas; los verdes pimientos de corazón cundido en semillas y sus parientes los ajíes dulces, verdes también. El desfile de aromas verdes empezaba siempre con los cilantros, cilantrillos, ramitos de perejiles, culantro de hojas dentadas, cebollines, y la única blanca: una cabeza de ajos completa.

La mezcla iba a parar a unos envases de cristal de tamaño mediano. Era la época en la que todo se reciclaba. No como ahora que todo es desechable, como el matrimonio. Los envases de cristal con la mezcla verde, se guardaban en la nevera, hasta que el preciado contenido era requerido por algún arroz con pollo, un guiso, o una sopa.

En un momento dado, la madre de la niña cayó en cama para no levantarse. Entonces, el caudal de conocimiento adquirido por medio de la observación, fue utilizado. La niña le quitó los primeros vestidos a la cebolla, le arrancó el corazón cundido de semillas a pimientos y ajíes -que ya maduros, habían perdido el verde- y procedió con todas las hojas... que tampoco estaban tan verdes. Se sentía segura en la cocina. Recordaba paso a paso la rutina de hacer el sofrito... o al menos, eso creía. Pero la mezcla de ingredientes no le quedó verdosa, como acostumbraba. El color era de una rara tonalidad marrón.

Una ayudita de color no vendría mal, pensó la muchachita. Y se paró en un escalón portátil para alcanzar los colores vegetales que usaba su madre para darle color al frosting azucarado de los bizcochos de cumpleaños. Verde, verde, verde... ahí esta el verde. Y verde le agregó al sofrito para que le quedara como el de su madre.

Pero no contaba con el resultado normal de agregar color artificial. Escogió hacer sopas, uno de los platos favoritos de su padre, siguiendo la estricta metodología que le ordenó su madre desde la cama. Lógicamente, sucedió lo que tenía que suceder: papas, fideos y carne se volvieron de una tonalidad verde. Muy desagradable, por cierto.

Ninguno de los 5 hermanos quiso probar el brebaje verde con ínfulas y sabor a una deliciosa sopa de pollo. Solamente los padres se sacrificaron (cerrando los ojos). De no haberlo hecho, yo hubiera renunciado ipso facto a la cocina, y no haría las delicias que hoy tanto deseo provocan. El incidente de mis sopas verdes se recuerda como uno de los muchos experimentos que han sufrido las víctimas que se someten a mis muchos y aparatosos ensayos culinarios, camino a la perfección. Y eso, es algo que a Cualquiera le sucede.

jueves, 16 de julio de 2009

Ahora la ves.... ahora no la ves (o cómo entra una entrada que no debió entrar a este blog)

Antes que alguien me pregunte si “pasan cosas extrañas” en este blogcito, les informo que la entrada que vieron hace unos minutos los seguidores a quienes les llega el aviso... NO DESAPARECIÓ. Yo, que soy Cualquiera, la borré.

¿La razón? Sencillamente entró al blog equivocado. Bueno... no entró así como quien dice, automáticamente. La entré yo, que cometí el error. A Cualquiera le Sucede. Claro, que en este caso, soy “Cualquiera”. No precisamente “una Cualquiera”, pero sí “la Cualquiera del Blog”.

En algunas redacciones de periódicos se habla de “duendes” a quienes le apesta la vida y -para reírse un ratito durante las noches, solos y a oscuras- se burlan de editores y periodistas por igual... provocando errores. No obstante, la verdadera Verdad, es que ese es un cuento de editores y periodistas que no admiten culpas. De manera que para ellos... sólo para ellos, el duende de la foto... que está porque lo invité, no porque me haga “travesuras”. ¿Okey? La entrada que no debió entrar a este blog, salió. Y no pasa nada porque a Cualquiera le sucede. Yo -que soy la Cualquiera a la que le sucede cualquier cosa- prefiero cantar y silbar “Don’t Worry, Be Happy!”.

miércoles, 15 de julio de 2009

Promiscua está en mi cocina, ¡lista para la acción!

Promiscua siempre está disponible, dispuesta y abierta. Prendida y llena de energía, espera que le toquen las teclas al ritmo que sea... dedo a dedo y despacito; le intriga, pero no le molesta. Igual puede ser un toqueteo de apasionado, fuerte y a paso lento, que disfrute cada caracter, cada letra, cada espacio. Tampoco le importa que los dedos corran rápidos y a golpetazo de yema diestra. Ella siempre responde. Y responde igual. Con todos. Democráticamente. Podría decir que es la única Promiscua fiel que conozco.

No tiene secretos. Ni siquiera la contraseña, que para el que la necesite, vaya sabiendo que es: “nada”. O sea, que no tiene “nada” de secretos. Le gusta Googlear y últimamente Twittea. Tiene el privilegio de contar con el mejor programa y el mejor antivirus... hay que mantener sus defensas en high mode.

Sus foulders son tan públicos que a nadie le importan.

A veces está abierta en The New York Times, pero igual puede ser en El País que en el blog de Coco Garcia. Facebook es una de las páginas más frecuentadas en la compu que hace tiempo bauticé como “La Promiscua”. El relajito es que se entera de las interioridades de todo el que se sienta a usarla. Uno de sus usuarios más frecuentes incluyó una selección de sus iTunes, que yo aprovecho para amenizar las vueltas que le doy al cucharón mientras guiso habichuelas.

Por si las dudas, no pierdan el tiempo preguntando semejante "bajeza"... No lo niego, esa laptop es el mejor libro de recetas que he tenido en toda mi vida. Cualquiera se aprovecha de la presencia de una Promiscua tan fiel en el counter de la cocina.
(Foto por Cass)

lunes, 13 de julio de 2009

Diet Coke... ¿en Piñones? A otro perro con ese hueso

Tiene que estar preparado para escuchar toda clase de burlas el que se atreva a pedir un refresco de dieta para acompañar las delicias grasosas de la cocina gourmet típica de los kioskos del área playera de Piñones. Yo no quisiera estar a su lado cuando lo pida. Confieso que no podría controlar la risa.

Hombres, mujeres y niños terminan con los labios brillosos como los de modelo de programa de juegos. Alcapurrias, bacalaítos, arepas plain, con bacalao. Todos acompañados de la grasa tapa arterias; la grasa-amiga de los centros cardiovasculares (sin grasa, cardiólogos y cirujanos pierden negocio). Para supuestamente neutralizarla: Diet Coke.

La misma risería incontrolable me asalta cuando me percato de los recetarios de bizcochos y toda clase de postres en los que se sustituye el azúcar -blanca o morena- por endulzadores artificiales. ¿Por qué engañarse? Y, yo... ¿por qué tengo que frenar mi alegre expresión? Esos seres que matan cuando no encuentran endulzadores químicos para el café de sobremesa, deben ser los mismos que salivan cuando me ven saborear el flancito de queso crema y coco, con un baño de acaramelado después de las chuletitas can-can que no se atreven pedir. Estoy segura que son los que querrán gritar "¡FUEGO, FUEGO!", a ver si abandono la mesa antes de terminar de comer... en momentos como ese, me alegra sobremanera no ser mentalista ni síquica.

domingo, 12 de julio de 2009

¿ “Que Dios me perdone” ?

Creo que no hay frases más hipócritas que: “con el perdón de los presentes”, “perdonando la redundancia”, y “que me perdone Dios”. Si tanto te apena lo que vas a decir o hacer, evítate la pena y calla. Son pequeños discursos fútiles.

Y, ¿qué me dicen de "perdonen el francés” cuando se quiere maldecir con las palabras que algunos alegan que no se deben usar? Primero que todo, ¿qué culpa tiene el francés? Además, si las palabras están en el diccionario español (castellano) y el latín es la única lengua muerta, pues “ala”... “a la porra”, ¡y a usarlas!

Hablando de “muertos”; uno de los eufemismos más hipócritas es la siguente joyita: “Dios no lo quiera, pero si pasara lo peor...” Okey. Vamos por partes: lo que Dios quiera, lo va querer llueva, truene o ventee, y no hay bréik. Sobre lo de “lo peor” -refiriéndose a la muerte- les recuerdo que la muerte ¡es inevitable! Los únicos vivos que se quedan "dormidos" son Blancanieves, La Bella Durmiente y los volcanes, al menos transitoriamente.

Mi abuela –a quien tuve que explicarle lo del deceso del pobre latín -me dijo que era necesario usar todas las mal llamadas “palabrotas”, para que no se murieran. ¡Qué Dios nos perdone, y de paso "nos coja confesa'os", pero las palabras deberían existir siempre! A Cualquiera se le ocurre borrarlas de un sopetazo... para luego decir "que en paz descansen".

(Foto x Cass, Capilla Porta Coeli, San Germán, Puerto Rico)

sábado, 11 de julio de 2009

De Cattleyas a Vandas

A los niños, le parecen “raras”; a los adolescentes, “ridículas”. Los jóvenes van cambiando de opinión cuando en los cursos de botánica se les dedica un capítulo a esas flores raras y ridículas que le gustan a sus madres.

Los adultos jóvenes se le acercan a las orquídeas con timidez, mirando antes a ambos lados para asegurarse que nadie los tilde de “corny”. Y asocian a las pobres
Cattleyas lilas y esplendorosas con los bailes de salón de mediados de siglo pasado. Aquellos lejanos 1950, cuando sus abuelas iban a cotillones con el florón en la muñeca izquierda. Después, cuando sus “viejitas” se van poniendo más viejas, ven de una forma distinta a madres y flores; especialmente si se especializan en la taxonomía del Amazonas, donde las monocotiledóneas pertenecientes a la familia Orchidaceae son las reinas. Ya de adultos, le damos un lugar especial a las orquídeas, que se contabilizan en 700 géneros, con unas 28,000 especies botánicas distribuidas sobre toda la superficie de la Tierra.

Confieso que hasta a mí me tocó una orquídea “corny”, de cotillón, a mediados de los setenta, ¡y que no me la puse! Casi se me cae la existencia cuando ví a mi amigo llegar a casa con la monumental
Cattleya. Me entró un frío por la palma de las manos que me fue subiendo al pecho y cuando llegó al cuello se convirtió en el calentón-rash-picazón fácilmente detectable. Las orejas se me pusieron como sartenes prendidos en high y los ojos casi se me brotan. “Y a este, ¿qué cono le pasa?” pensé.

Mi madre, que me conocía como si fuera mi madre, saltó a mi rescate echándole flores a la flor. Entonces el Luis (que no se llamaba Luis), le dijo que era del patio de su madre. Así las cosas, la madre mía lo envolvió en un conversatorio inocuo que los tres sabíamos que era para “distraerlo”. Yo, “la interrumpí” para apresurar la salida y “no llegar tarde”. Entonces, con la prisa y la conversación, “se me quedó” el
corsage que la madre de Luis (que no se llamaba Luis), pretendía que usara.

Estoy segura de que él agradeció el olvido. La bella
Cattleya no combinaba para nada con el vestido moderno y de toque hippy-chic que yo misma diseñé y confeccioné en la Necchi de Mami.
Luis (que no se llamaba Luis), no pudo volver a invitarme a otro baile durante los 3 años restantes de nuestra carrera universitaria porque le huí como el diablo a la orquídea. Y no se ría nadie, que estoy segurísima de que a Cualquiera le puede suceder en el 2009.

Por mi parte, espero que el hoy ingeniero industrial no se mude cerca de casa porque lo primero que verá cuando venga a pedir la taza de azúcar serán los bellos ramilletes de Vandas, Cymbidiums y Dendrobiums que crecen casi brujos cerca de la puerta principal. Claro, como se trata de orquídeas "distintas", hasta yo misma me perdono.

Más de 30 años después veo una
Cattleya y recuerdo al Luis (que no se llamaba Luis), los arpegios que me tocaba a la menor provocación (¡dije arpegios!), y la cara de mi nunca suegra cuando él, por piedad, le haya dicho que lucí la flor en el baile. ¡Qué bueno que no había cámaras digitales ni se posteaban fotos en facebook!

viernes, 10 de julio de 2009

¡Cono! ¡Conísimo! ¡Y mil veces cono!

¡No puedo más! Es definitivamente abusivo, injusto y ridículo. Cada vez que le quiero desear un feliz “cumpleaños” cibernético a alguien, tengo que hacer peripecias para poner usar la “ñ” que los teclados “normales” no proveen.

¿Cómo creen que puedo decir “por este año entero la niña se comerá la piña”? ¿Ahora me entienden? Además, me cansé de poner doble ene para escribir “año” (anno). Tengo una muy querida amiga en Guáchinton que usa 3 letras por no tener una bendita ñ (nyi); o sea, para escribir “año”, la pobre se dispara “anyio. Yo quiero mi sonido palatal nasal en el mode digital. Y no transo.

¿Ya ven porqué insisto en que no es justo? La yemita de los deditos... se va gastando con tanto cumple-año... de tanta niña que come piña en la campiña...

Me dice la Wiki, que “la Ñ (en minúscula, ñ) es la decimoséptima letra del alfabeto español” y que es “la decimocuarta consonante”. Hasta ahí, estamos bien, pero ni que me importara. Eso lo que quiere decir es que existe. ¡Yo digo que la ñ VIVE! Añade (no "anade") la Wiki que “la ñ es también presente en los alfabetos bretón, wolof, aragonés, asturiano, vasco, gallego, filipino, guaraní y tártaro de Crimea”, pero que “no existe en el orden latino internacional”.

¡A mí, qué me importa lo del “internacional”. Lo importante es que existe, que vive, que es nuestra y de varios millones de otros, que como yo, no cumplimos anos! ¿Tendré que esperar a noviembre para que me regalen un teclado con ñ? Naaaaaa... y definitivamente, esto NO le sucede a Cualquiera...

jueves, 9 de julio de 2009

¡“A palabras huecas”... “y al vino, vino”!

¿“A caballo regalado... se lo lleva la corriente”? , ¿“Cada loco... ni come, ni deja comer”?, ¿"Al perro del hortelano... no se le mira el colmillo”?
A Cualquiera le Sucede que se le confunden los dichos y refranes que nos machacaban los abuelos. Los heredamos mayormente de la tradición oral y muchas veces los escuchamos en momentos que quisiéramos olvidar. “De tal palo... caza ratón”, o mejor: “Hijo de gato... tal astilla”. Quizá por eso los confundimos.
“Pero-peor” es cuando se nos lengua la trabe... ¿o trabe la lengua?Aunque nos riamos un buen rato... tampoco es lo mismo “el viejo estatuto”, que “Tuto está viejo”... Jum... ni que yo “me turbe más”... ¡Ya!

Prefiero las “cantinfladas”, del único y maravilloso de todos los tiempos ¡Cantinflas!


miércoles, 8 de julio de 2009

Gano cuando mueren (que no las mato)

¡Era la tercera que se me moría!
Fui la burla de mis colegas, que no tuvieron la delicadeza de hacer los comentarios en voz baja: “¿Se le mueren, o las mata?"
Pensé que el mundo me vería como a la viuda-asesina-cobra-seguros.

En mi caso, juro que en ningún momento pensé comprarme el iPhone 3G, y que la Palm m500 me daba toda la satisfacción del mundo cada vez que presionaba con mi índice en la pantalla forrada en el plastiquito que evita rallazos. Hasta usaba la esquina de la uña del pulgar derecho mientras la sostenía en la palma de la mano izquierda. How sweet! ¡Tantas cifras que sumé así!

El promedio de vida de mis Palms era de 2 años, y esta última me duró más. Le tenía hasta un teclado portátil para escribir más rápido en los Wi-Fi. ¿Útil? ¡Le saqué el jugo! En el hotel de Madrid la señal estuvo floja, pero en Barcelona, Lisboa y Salamanca, fue un éxito.

La primera, murió de un ataque energético cuando le cambiaba las baterías. No le había hecho back up. Castigo del Cosmos. Me quedé en el Twilight Zone. Lloré con lágrimas saladas y hasta pataleteé molesta conmigo misma. Buscamos un modelo mejor; un up-grade de consuelo.

La segunda –la Palm m515- murió de forma sorpresiva. Pero con el back up hasta las entradas de la semana anterior, no me dolió regresarla a la caja y al closet. La tercera... ¡ah, la tercera! Fue otro up-grade. La Palm TX era el equivalente de la Nimbus 2000 de Harry Potter. Hace meses que ha muerto y yo estoy en negación. Sigo alimentándola en la PC y le doy “Save” a la data. Sin embargo, ha surgido una situación nefasta. No puedo hacer un up-date Palm. Creo que la empresa también ha muerto. Con esto de los teléfonos inteligentes, los ingenieros de la industria palmera no tienen mucho que hacer, que no sea teléfonos Palm.

Que quede claro que tras esta muerte, merezco otro un up-grade, que pudiera ser un iPhone”. Ea... no me señalen, que no maté la TX. ¡A Cualquiera se le puede morir! El mundo cambió a Pepsi... ¿o fue a Coca Cola?

martes, 7 de julio de 2009

¡Que vivan los Hackers!

Hace un año y dos meses me hackearon la cuenta de Hotmail. Y bien “hot” que me puse. En el momento en que sucedió, le escribía un correo a un profesor de planificación en un intento de convencerlo para que diera a conocer públicamente un proyecto de investigación de sus estudiantes.

Les cuento para que se cuiden. Mientras escribía, abrió una ventanilla de msn (Messenger, ¿sí saben lo que es?) y una colega -que creí mi amiga- me hizo una pregunta que consideré válida. Pensé que contestándola, la ayudaba. ¡Sorpresa! Era un (¿una?) hacker que le robó la identidad a mi colega, y lo que preguntaba era la contestación a una de las preguntas “de seguridad” que yo había registrado en el 1998 cuando abrí esa cuenta.

Inmediatamente cayó el sistema y cerró el correo. Pensé que se trataba de un bajón energético, culpé a la compu y creo que hasta la maldije (¡Ja! A la compu, no a la colega... pero la com-PUTA-dora se vengó después!). Busqué todos los teléfonos de Microsoft, oficinas locales, centrales, internacionales... nadie me atendía, nadie me creía. El cuento largo corto: abrí otro correo electrónico en una laptop y me comuniqué con Microsoft por e-mail. Logré convencerlos del trágico incidente (de veras que es trágico). A lo largo de 3 semanas y de un intenso intercambio de mensajes, se dieron cuenta de que Yo era Yo, y nadie más que Yo.

Claro, les tuve que decir los archivos separados que tenía (uno de facturas de compras, otro de recetas de Cielito Rosado, otro de La Palabra del Día, de Ricardo Soca, y otro del Evangelio del Día); como eran tan disímiles, no había forma de que me los hubiera inventado. Les tuve que decir al menos 20 nombres de contactos; contestar las otras “preguntas de seguridad”; y decirles la dirección y los teléfonos que tenía en el 1998, así como un par de eventos importantes de mi vida que reflejaran la tónica de algún grupo de emilios. No fue fácil.

El ejercicio de Microsoft me enseñó varias cosas: a no dejar de recibir recetas, a memorizarme la etimología de los vocablos, a recitar los Evangelistas, y a no guardar las facturas de compras, ni de bancos en los correos electrónicos. Pero por sobre todas las cosas -¡que vivan los hackers!- aprendí a nunca olvidar lo importante que son mis amigas y que es mejor disfrutar concentrando en ellas toda la atención cuando chateamos, en vez de contestarle a toda prisa por invertir neuronas en convencer a un profesor de planificación. Honestamente, no sé si a Cualquiera le sucede, pero aprendan por cabeza ajena, antes que los hackeen.

lunes, 6 de julio de 2009

Dos, y no le soy infiel

Al principio me costó trabajo porque no le había cogido el gustito. Digamos que me fue conquistando, hasta que me atrapó. Años después, fue en la cama. Pero en los últimos meses, se los pido en el escritorio. Es que me levanto tempranito a leer la prensa digital, y a estudiar. Entonces, nada sustituye ese golpetazo de cafeína antes de que salga el sol.

Los dos cafecitos que me hace mi esposo tienen que ser fuertes, con espuma, canela, azúcar y amor. ¡Ah! Y administrados de la misma forma en la que los fumadores empedernidos pasan de un cigarrillo al otro. De corridito. Sin prisa, pero sin pausa. Aunque parezca que no, es la mejor forma de saborearlo despacito y caliente. La misma cantidad en un tazón grande... se enfriaría.

Me pasa -como a Cualquiera le sucede- que en cada oficina que visito, al finalizar los almuerzos, durante las cenas y visitas, te lo ofrecen apetecible, calientito... pero siempre digo lo mismo. "Solamente dos al día, antes de que salga el sol; y, no le puedo ser infiel a mi esposo".

Le regalé un maquinón italiano por cafetera expreso; el molinillo; le hice una esquina especial en la cocina para ese "state of the arts" su "mimada" europea, y ahora le estoy regalando un curso de barista. Me están saliendo caritos los dos cafecitos diarios. Entonces, ¿cómo le puedo ser infiel? ¡A Cualquiera se le ocurre!

domingo, 5 de julio de 2009

Re: AVISO Importante sobre TQM

¡Rayos!
Me perdí en el camino. Tan orgullosa que estaba de “entender” la jerga de los SMS, texteos, twitteos y toda suerte de claves de comunicación corta (incluido el S.O.S. y la Morse, que no es lo mismo que la morsa).

Mi hijito (que todavía es menor de edad) acaba de informarme que para él –que acaba de entrar a la universidad- “TQM” significa “Total Quality Management”. ¡Qué bajón! Aprovecho este espacio, pues, para ALERTAR a todos los empleadores de cualquier género, religión y preferencia sexual. Sepan que para EVITAR confusiones del corazón y problemas laborales, deben IMPRIMIR el mensaje a continuación en la opción “printer friendly”, y postearlo en todos los tablones de edictos:

“AVISO: En nuestro Credo, Misión y Visión de empresa, les exigimos TQM; pero nada de besuqueros ni abracitos. ¡A trabajar!

¡Y yo, tan ilusionada! ¿Que a Cualquiera le pasa? Tal parece que soy la única persona que se llama “Cualquiera".

sábado, 4 de julio de 2009

TQM

“Lo bueno, si breve, dos veces mejor”, ¿cierto?
Eso dicen los profesores de periodismo que enseñan a contar la vida en 5 doblevés y una hache; y los profesores de haiku, que comprimen un poema de amor en 3 líneas de estrictamente 5-7-5 sílabas.
¿Vivirán en el WinZip.Computing mode? Quién sabe... No le voy a preguntar ninguno, a menos que sea por SMS, o x MSN.
Al de poesía –que es mi amigo desde que estudiábamos Siglo de Oro en palabras enteras- le diría: “ola, kmo stas? TQ ? puedo cogr tu crso de aiku am? es q stoy en el wk de 1 sta 9pm”.
Con el de periodismo, no perdería el tiempo. Me va a editar de todas formas.... ¿o sería mejor decir: “No consultaré al profesor de periodismo”.
Todo el mundo sabe que es una pérdida de tiempo, que los periodistas se creen cirujanos en el momento de editar, y que con la tecla de “delete” te desaparecen a sangre fría como si fueras un mime. Como que soy periodista.
Para “quemar fiebre”, “sentirme moderna”, e ir a la segura, felicito a mi ahijada en su cumpleaños con un SMS: "japi Bday. TQM."
Es más rápido que twittear el mensaje en menos de 140 caracteres.
En lo que no estoy clara, es en cómo un “te quiero mucho” cabe en TQM.

viernes, 3 de julio de 2009

Los 3 lados de la moneda


Cuando alguien quiere que se considere la versión –u opinión- “de la otra parte”, lo justifica diciendo que hay que “ver el otro lado de la moneda”. Sin embargo, siempre le he visto 3 lados: cara, cruz y circunferencia dentada.
¿Entonces?
A Cualquiera le puede pasar que se concentre en la versión de Cara, o en la de Cruz, e ignore lo que podría ser la verdad: ni lo que dice Cara, ni lo que dice Cruz.

jueves, 2 de julio de 2009

El “dedo malo”


Uno de cada 5 es "malo". Ese es el alegato.
Si por esa cifra fuera, la población mundial de “malos” sería altísima. Cabe preguntarse antes, ¿en qué estriba la “maldad” del dedo Corazón? Al pobrecito, ni el nombre lo salva.
Si Pulgar es enano (innegablemente enano), Indice es chismoso (siempre apuntando), Anular es un looser premiado (¿se anula y lo premian con un anillo?) y Meñique es tontito (¡con ese nombre!)... la pregunta es: ¿qué vamos a hacer si todos tenemos dos Corazones?, y ¿qué hace el Corazón para ser malo?
¡Ya! No me digan. Voy a dejarlo así. Que aunque parezca una pregunta salida de una canción de despecho, ya le temo a contestación. A Cualquiera le Sucede... por preguntón.

miércoles, 1 de julio de 2009

¿"Los Igualitos"?

El otro día... realmente hace varios meses... ¡No! Mirando el calendario, reconozco que fue el año pasado, y que en semanas se cumple un año...
El cuento es organizamos un encuentro para celebrar el trigesimoquinto aniversario de graduación de escuela superior. Pero -¡rayos!- me equivoqué... Algo pasó que no llegó nadie de la clase. El local se llenó de “Los Igualitos”.
-¡No has cambiado nada!
-¿Duermes en nevera?
-¿Usas crema de nácar, o qué?
-¡Neeeenaaaa! ¡Pero si estás igualita!

Confieso que no le dije a nadie que estaba igualito. ¡No podía! Pensarlo es pecado y decirlo a boca de jarro equivale a un “anuncio engañoso”.
¿Cómo voy a mentir? Traímos arrugas, ojeras, espaldas dobladas, pasos más lentos. Algunos cuerpos con las huellas de cáncer.
Todos hemos cambiado muchísimo. ¡Hasta los y las que se hicieron cirugías plásticas por cada esquina de su cuerpo y cara! Quien diga que “Veinte años no son nada”, mejor que se vaya a cantar el tango. ¡Son 2 décadas! Treinta y cinco son 3 décadas y y media. Entonces... si tras todo ese tiempo seguimos “igualitos”, ¡algo no funcionó!

Algunos nos casamos, nos divorciamos, nos volvimos a casar; o nunca nos casamos; algunos tuvimos hijos, perdimos hijos, o no tuvimos; algunos estamos “como coco”, y otros “como coco rancio”; algunos de los que fuimos flacos como fideos, ahora estamos llenitos; y algunos de los que estuvimos llenitos, estamos a pulgadas de explotar. Algunos estamos “on shape”, otros no podemos ni con nuestra existencia y arrastramos los pies para caminar.

Hemos crecido, acumulado experiencias y vivencias que no se pueden eliminar como si se arrancara una página del libro de la vida. Entonces, a ser honestos: ¿estamos o no estamos igualitos? ¿No están orgullosos acercarse al otoño con dignidad? El tiempo nos pasa factura democráticamente. Hasta las primeras hojas que cambian de color se exhiben para capturar miradas y fotos.
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