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miércoles, 2 de diciembre de 2009

Otro cumpleVida para perseguir el sol

De no haber sido por mi madre, no hubiera aprendido a apreciar, disfrutar y celebrar en grande los cumpleaños (míos y ajenos) como si fueran Fiesta Nacional, con fuegos artificiales, bandas y batuteras. No éramos ricos en casa, pero mi madre siempre procuró que apareciera un bizcochito con al menos una velita y par de globos de colores. Y lograr ese milagro como Maná del Cielo en una casa con 6 hijos... no era cosa fácil. Tenía como ventaja una pareja de hijas gemelas. Así que, ¡sólo celebrábamos 5 cumpleaños!

De no haber sido por mi madre, tampoco se me hubiera ocurrido que el día de mi cumpleaños, el Cielo me presta al sol y la luna, y que los puedo perseguir sin tregua porque salen para festejarme. (Nunca me dijo que en el mismo segundo en que yo nací, nacieron varios millones de personas y que el solcito y la lunita eran compartidos).

De no haber sido por mi madre, tampoco se me hubiera ocurrido que el día de mi cumpleaños yo podría ver a “mi sol” levantarse del mar; y al anochecer, disfrutarlo al acostarse en el mar de nuevo. Toda la vida –desde donde estuviera- procuraba llamar, visitar o salir con mi madre el día de mi cumpleaños. ¡Sin ella no hubiera nacido! Mi madre dejó de estar “funcional” para esas aventuras en diciembre de 2004. Después, ya dejó de estar, pero no hay cumpleaños que celebre (míos y ajenos) en que no piense en ella.

El lunes pasado celebré en grande mi cumpleVidas #54 (sí, actualicé el perfil desde el día antes). Para conmemorarlo, una vez más crucé mi Isla para estar en el Este con mi Sol tan pronto se sacudiera la pereza de la sábana azul. En la tarde, lo alcancé en otro punto del Oeste para verlo arroparse en otro mar.

Hoy subí la evidencia en dos fotitos que permanecerán en los primeros puestos del margen izquierdo de este espacio... y del otro. Aquí, la antesala del Amanecer, a las 6:52am del 30 de noviembre de 2009; y, el Último Suspiro del Atardecer, a las 6:10pm del glorioso 30 de noviembre de 2009. En el otro blog, los minutos de mayor pasión de ambos eventos.

No sé si mis hijos se animen a hacer locuras como esa, ni creo que se acuerden de buscarme el día de sus cumpleVidas. Por ahora tienen el privilegio de vivir en una Isla Hermosa, aunque no sé si se atrevan a levantarse tres horas antes de la salida del sol para llegar a algún mar que mire al Este.

Yo, mientras esté funcional, celebraré sus cumpleaños como conmemoro los míos... de sol a sol.

(Foto por Cass)

sábado, 5 de septiembre de 2009

Rare, Medium Well, Well y Extra Mega Súper Well Done

En un restaurante, los palillitos deben ser puestos en lugar de honor. Uno solo puede ser lo suficientemente poderoso como para evitar exabruptos, pataletas y malacrianzas ante un jugoso pedazo de carne sangrante.

En los restaurantes más finos, usan banderitas de colores que cumplen la misma función: garantizar que quien pida un corte rare, no lo reciba well done, ni viceversa. Cuando hay hambre, hay hambre. Y eso de estar viendo cómo tu pedazo de carne viene y va, va y viene de la mesa a la cocina y de la cocina a la mesa, mientras el resto de la humanidad se succiona sus rare o médium well es un acto de genuino maltrato.

Mi Mejor Amiga tiene la costumbre de pedir la carne “Extra Well Done”. Es su gusto. Es su derecho. Y paga por eso.

Cansada de que los meseros no entiendan el concepto ni se lo puedan explicar a los cocineros -que al fin de cuentas son los responsables de velar que la carne “selle” a fuego alto y de vigilar el reloj- cambiamos de estrategia. “Déle un corte mariposa”, la escuché decirle a un mesero una tarde. Fue como hablarle en poesía al pobre hombre que más hambriento que ella, paseaba manjares ajenos de mesa en mesa. Por supuesto, no funcionó. El mismo pedazo de carne regresó a la mesa con el centro rosado.

Decidí tomar la iniciativa de “definir el corte del deseo” con tres adjetivos prefijados en el idioma “internacional” de los chefs que estudian en Francia. Con un poco de drama, le pedí que se acercara y le dije con dulzura, en tono de película porno: “es que le gusta Extra Mega Súper Well Done”. Pausa. "¡Quémasela!"

Mi Mejor Amiga plantó el codo derecho en la mesa para detener la quijada, no se le fuera a caer; le dio una vuelta a los ojos que casi se le desprenden de la cuenca, y prensó los labios para controlar un ataque de risa-furia. Mientras la veía con el rabo del ojo, le di las gracias al hombre que con cara de jugador de póker, seguro que nos maldecía porque no estudió en Francia.

Enfurecer a un mesero es lo peor que se puede hacer. ¡Son tantas las cosas que pueden pasar en la privacidad de la cocina! Sin embargo, ésto, a Cualquiera le sucede. Así que para asegurarnos que no fallan cocinero ni mesero... le sugerí a Mi Mejor Amiga que no volviéramos a ese restaurante, a menos que ella pida una ensalada. Y si regresamos... que no especifique que quiere los vegetales Extra Mega Súper Bien Frescos y Extra Mega Súper Bien Lavados.

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