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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Convocatoria al abracito de Navidad

A ver si me explico bien: aunque llevo poco tiempo en el vecindario, ha sido suficiente como para encariñarme contigo y con otros –algunos, nombres sin caras-; todos, dueños de corazones que desnudan sentimientos, ideas, locuras, proyectos.


Primero llegaron Emma y Margarita. Fue una sorpresa. Poquísimos tenían mis 2 url. ¡Qué rayos imaginaba yo que ellas dieran conmigo cuando el tema que me motivó era tan “especializado”! Continué comunicándome con Claudia, una desconocida cuya madre había sido diagnosticada con un tumor cerebral como yo. En un pestañeo llegaron muchos de ustedes, la mayoría con la salud y agilidad que todavía no alcanzo. Dayann, me adoptó, y con ella, su tía Flor. Hoy hay fotos de ambas en mi árbol de Navidad, que es mi Árbol de las Bendiciones.


Todavía no sé hacer regalos con “premios” para bloggers. Tan es así, que cuando recibí mis primeros regalos de parte de Missbook, no sabía qué hacer. No sé instalar chats en la página principal, poner los “Leer mas...”; ni los “Quizá también te interese...”. Tampoco me salen bien los álbumes.


No he logrado poner angelitos revoloteando y soltando polvillos dorados de amor y paz; ni estrellas refulgentes que guíen con su luz. Por lo tanto, haré algo que sí puedo: ofrecerte un cariñito por Noche Buena y Navidad.


Aunque parezca chiquito... no es una migaja. Llega en todos los idiomas, colores y sabores. Sólo está condicionado a que te acerques y lo aceptes. No pido nada a cambio, ni siquiera uno igual, pero si me lo das, será motivo de gran celebración.


Aclaro que no es parte de la campaña de “Free Hugs” de Juan Mann. Pero si quieres replicar este abracito de Navidad en tu casita, sería estupendo. No tienes que citarme porque no creo que sea necesario. Sin embargo, de hacerlo, quizás yo pudiera regalar más.


Tampoco es parte de la iniciativa “Todo lo demás es prestado” (fuente de la foto) para recaudar fondos a favor del Programa Cuidam del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.

En fin, ¿quieres un abracito? Si estás aquí, es el primer paso para aceptarlo. Tú decides si me reciprocas... y lo compartes con tus seguidores. Para alcanzar a la mayor cantidad de amigos cibernéticos, te lo adelanto por un día: ¡Buena Noche Buena y Feliz Navidad!


domingo, 11 de octubre de 2009

“Para tu colección de atardeceres”

Eso me dijo Ana, una extraordinaria fotógrafo que conozco desde antes de que los periódicos imprimieran fotos a color; cuando las cámaras eran aparatos pesados de 35 milímetros. Espléndida –como no todos los artistas de la cámara suelen ser- me regaló una hermosísima foto que tomó ¡desde su celular! Y, que con su autorización, muestro en esta entrada.


Lo tomó durante el primer atardecer de nuestro otoño caribeño, equivalente al primer atardecer de la primavera de mi amiga Emma, en Argentina; mi compañera de clases, Pamela, y el corillo de amigos de mi hijo (Gato, Pablo, Guillermo, Andrés, Nico y Fernando), todos, en Chile.


Justo cuando Ana estaba cuadrando su iPhone 3G (¿es ese tu modelo, Anita?) para congelar la imagen de atardecer con nubes azules, mi amigo Ramón y su esposa Graciela, en Sydney, Australia, se tomaban el primer café de la mañana, en un hermoso amanecer primaveral. Y un chin después, Ramón la podía ver desde mi página en facebook. Mi primer otoño en preludio a su primera noche; al amanecer del día (o al otro día) que con el mismo sol despertara la primavera. ¿Me equivoco, Ramón?


¡Cuánto ha cambiado la vida! Y qué mucho hemos cambiado nosotros; la fotografía, las cámaras; y nuestra relación con amigos en todas partes del mundo, con quienes nos comunicamos a cualquier hora de nuestros correspondientes días o noches ¡en tiempo real! Por msn, facebook o Skype; nos texteamos y nos intercambiamos fotos conversando sin perder el hilo. Fotos de amaneceres y atardeceres; los alpha y omega del día nuestros y suyos; suyos y nuestros.


Yo me pavoneo de vivir en el país de los más dulces amaneceres y de los más apasionados atardeceres. Y más aún: me pavoreo de poder ver el sol nacer de las entrañas del mar y ese mismo día, acompañarlo a que duerma en la profundidad de otro mar. ¿Que cómo? Amaneciendo temprano en un pueblito de la costa Este, donde desayuno; almorzando en el centro de la Isla, y sin estrés, esperar el mágico atardecer en el divino Oeste de mi país.


Podrán cambiar las cámaras, la forma de comunicarnos, pero los hermosos amaneceres y atardeceres de mi país, jamás.


Gracias Anita por ese atardecer azul. A Cualquiera le encantaría compartirlos acá con nosotras.

(Foto por Ana Martínez)

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