
En muchos países amaneció como siempre, pero no en Chile. Las noticias de Internet delataron la tragedia que ocasionó otra placa tectónica al sacudirse la pereza. Imitó a la que devastó a Haití, pero con más fuerza..
“¿Viste lo de Chile?”, fue el saludo inicial de mi mejor amiga el domingo en la mañana. Y antes de que me diera tiempo a pensar en alguna emergencia política, me lo zampó como aceite de bacalao a niño de 3 años.
Inicialmente pensé que había sido “otro más”, de los que conocen tanto chilenos como californianos. Pero no. Cuando me dijo la intensidad y que desde temprano se habían estimado fatalidades, me puse fría.
¡Mis ladrones chilenos! ¿Cómo estarán los muchachos-roba-corazones que le agarraron el tun-tun tun…tún a la salsa en la sala de mi casa? ¿Qué habrá pasado con los amorosos ladrones a quienes le abrimos las puertas de nuestro hogar y se llevaron nuestro amor? Dentro del egoísmo humano confieso que sólo vinieron a mi mente los ojazos azules del Gato y lo difícil que se le había hecho aprender a bailar salsa con Carla, Sheila Bibiana y Natalia. Recordé las largas conversaciones de política con Nicolás, sobre cómo toreamos con cariño y respeto opiniones tan disímiles, y sus destrezas al demostrar los bailes típicos de su tierra. Pensé en Fer y en su mamá; en Guillermo, en Andrés y en Posti, que corrió con mi esposo en un maratón 10K.
¡Mis chilenos ladrones de corazones!
De golpe no supe si Pablo vivía cerca del epicentro o no. Solo recordaba que era cerca del mar, al sur, en una geografía “de revista”. Pero en esos momentos ni un GPS te orienta. ¿Cómo se habrán manejado los padres de Javier? Tan divinos ellos, y tan sorprendidos cuando estuvieron en casa recientemente y corroboraron que su hijo es parte de nuestra familia y que acá lo llamamos con el sobrenombre que le tienen los amigos. ¿Y su hermanito menor? ¿Cómo habrá reaccionado?
¿Estarían veraneando en las costas ahora devastadas? Eran los mismos lugares a los que visitó mi hijo (el favorito de los menores) cuando hizo el intercambio académico. ¡Dios! ¿Y las familias que mi hijo conoció la semana que hizo trabajo voluntario en Techo para Chile? ¿Y los directores que los acompañaron y se aseguraron que me pudiera comunicar con él desde las áreas más remotas? Las imágenes en Internet eran cada vez peores.
Mi mente galopó a velocidad vertiginosa. Como si buscara una lista de asistencia en mi corazón seguí, en desorden alfabético: ¿y la familia de Ruth, mi editora, amiga de tantas décadas? ¿Y la de Ale y su esposa? ¿Y la de doña Ena y su esposo? ¿Y Pamela, mi compañera de estudios? ¿Y las queridas cyber amigas Aeylin y San?
Mi primer impulso fue un email colectivo a mis ladronzuelos y a sus padres. Los muchachos se fueron “reportando poco a poco. Por messenger, facebook, twitter, o contestando mensajes de correo electrónico que fui recibiendo durante el día. Al otro día me llamó Elizabeth, la mamá de Nicolás, y me contó de Lucho, Valeria, Daniela e Ignacio. A estas horas, todavía no sé de Pam. No sé si fue porque lo envié a una dirección incorrecta; o como en el caso de Ruth, que se lo envié a otra Ruth.
Y sé se Ruth. Todo bien. Hace unos minutos recibí un email Ale. Me dice que finalmente recibió noticias de su hermano Javier, residente de Talcahuano. “El y su familia bien, sin nada pero bien”.
Los muchachos que me dijeron “tía” desde que nos conocimos no son los únicos chilenos que se han quedado con trocitos de mi corazón. Pero ni a ellos ni a todos los demás los dejaremos solos.
Para saber cómo ayudar, la siguiente página de facebook tiene información detallada y actualizada: QUIERES AYUDAR?? DONDE DEJAR TU AYUDA EN SANTIAGO?... REENVIAR
Fuimos solidarios con Haití. Mi país ha instalado hospitales a largo plazo allá. Todavía falta mucho que hacer en Haití, pero no podemos dejar solo a Chile. Repito con mucho dolor que a Cualquiera le puede suceder.
Nota: no pude subir este post hasta saber de mis ladronzuelos y los otros chilenos cercanos a nosotros. ¡Me falta Pamela!
(Foto de la Web, publicada por "hartos" diarios a través del mundo")