
Llegaron las moscas, los mosquitos y toda clase de objetos vivos, conocidos y desconocidos, voladores y sin escrúpulos. Merodean mi espacio aéreo; me fastidian los momentos de lectura, de peliculear, de dormitar, de desyerbar el patio… ¡No puedo hacer nada sin Real Kill! Pero a la vez, he descubierto que no actúa como debe. Y peor aún, impregna muebles, telas y narices.
En el campo, usábamos sapos y unos espirales que producían ¡un humentín! Los primeros le producían asco y terror a mi madre. Los últimos nos dejaban sin mosquitos, pero con moquillos y carraspera. Ahora hay unos inventos nuevos: desde los velones de citronella, hasta unos embelecos plásticas que se guindan de la ropa. Eso conmigo no va. También hay otras curiosidades que se pegan en los conectores de energía eléctrica, pero me dan terror. De todas formas, los probamos y son igual de eficientes para provocar alergias.
Los que se impregnan en la piel no me gustan. Ahora salió un Off, “natural”, en crema, pero también huele feo en la piel. ¿El Off “smooth & dry”? Asqueroso.
Mientras, parafraseo a Shakira… sin bailar ni usar matamoscas. Hubiera sido más apropiado Serrat y su versión cantada del poema "Las Moscas", de Antonio Machado, pero me siento como para un shakirazo a los mosquitos. ¡A Cualquiera le sucede!