
¡Por favor! Mi corazoncito no aguanta más. No sé cómo decirlo, así que mejor lo escribo. Soy extraordinariamente social. Creo en las ventajas de las redes sociales; y reconozco sus desventajas también. Me gusta estar “conectada”. Pero sólo recuerdo el password de facebook, el de gmail y el de mi cuenta de banco.
Me inicié en la comunidad cibernética con un pichi correo en Hotmail. Fui de las primeras cuentas. Tan primera de las primerísimas, que no tenía a quién enviarle “mails”. Me estuvo muy mono eso de que fuera un buzón para “cartas calientes”… y abrí la cuenta cuando mi lugar de empleo aún no tenía sistema de correo corporativo. Cuando lo instalaron, ya tenía 2 cuentas, cada una con su clave particular y con un sistema de chat propio; o sea: mi Hotmail y su msn, el Outlook corporativo y su sistema de mensajes instantáneos.
Para tener cuenta Flickr, necesitaba una cuenta Yahoo; y, al estrenar el sistema de compu colectiva con mi esposo, necesitábamos una cuenta familiar en Outlook. Entiéndase: Hotmail con su msn; el Outlook corporativo y su sistema de msn; y, el Outlook familiar.
Necesité abrir una cuenta Flickr para fotos; pero requería una cuenta en Yahoo. Vayan sumando.
Para comunicarme con mis sobrinos high tech, abrí un Twitter, un facebook y Skype Ahora que por fin en mi trabajo se dieron cuenta que no hay vuelta atrás en esto de la carretera cibernética, nos hicieron abrir una cuenta en facebook y otra en Twitter. Sin remedio. Convertí las que tenía en las “oficiales” con mi nombre oficial, e hice nuevasTwitter y facebook para mis íntimos. Entré al mundo bloguero y abrí dos más (una gmail, y otro facebook) con mi identidad bloguera. ¿Cuántas van? Ya ni cuento.
¡Ah! Eso no es todo. En mi trabajo nos exigieron cuentas en Plaxo y Linkedin… y allá tuve que ficharme. Hay varios “grupos” más especializados a los que pertenezco. De trata de “It’s Just Benign”, un facebook especializado para personas con cierta condición médica en el que compartimos información importante que nos ayuda más que lo que nos dicen los propios médicos, que no saben ni lo que es un dolor de cabeza. El otro es de colegas.
¿Ya entienden porqué mi corazoncito no aguanta más? Soy extraordinariamente social. Pero sólo recuerdo el password de facebook, el de gmail y el de mi cuenta de banco. ¡A Cualquiera le sucede! ¿A quién no?
(Ilustración, del Web)