
jueves, 29 de octubre de 2009
Asterix y Obelix cumplieron 50 y se ven igualitos...

miércoles, 28 de octubre de 2009
Life is good vs. Life is crap

“Todo es según el color del cristal con que se mira”, dice la canción. Pero no hay que ser cantante para reconocer que hay personas que son felices a la menor provocación, y otras que hacen lo indecible para ser infelices.
Eso me recuerda a “Ziggy”, un personaje de líneas sencillas a quien por alguna razón, las cosas casi siempre le iban mal.
Uno de los cuadros que más me impactó -y que guardo muy claro entre mis neuronas, pero no entre mis papeles- es la de un Ziggy perseguido por una nube negra con un trueno que le apuntaba a la cabeza. No importaba a donde fuera, la nube negra del desastre lo perseguía.
Hay muchos Ziggys a quienes les apesta la vida ATH (a toda hora). No se puede hacer mucho por ellos, porque ese es su placer. Intentar “perfumar” la existencia de esos seres puede ser el equivalente a que nos apesten la nuestra.
El problema está en que te lleven la nube negra hasta tu frontera e insistan en que sus vientos huracanados, aguaceros, truenos y centellas afecten negativamente tu existencia. Y digo “negativamente” porque los aguaceros nos permiten jugar en los charcos... y eso es divertidísimo.
No hace demasiado tiempo se registró la marca de camisetas y gorras “Life is Good”. Comenté que lo malo de la marca era no haberla diseñado yo primero para ganarme el billetal que de seguro se metía en el boldillo quien se lo inventó. “La vida es buena”, dicen las T-shits. Y sabrosa, apetecible. Claro que decirle al mundo que la vida es buena y que eres feliz, en un mundo donde todo parece andar al revés, debía ser motivo de envidia...
Así que para llevar la contraria, y hacerse un dinerito con las desgracias de los infelices, a alguien se le ocurrió hacer justo lo contrario. Quizás fueron ellos mismos... De todas formas, parece que le va muy bien con la venta de camisetas y gorras que dicen “Life is crap”.
Yo, no pienso comprarle ninguna. A Cualquiera le puede suceder que una nube negra lo alcance de vez en cuando. Pero, ¿qué lo persiga? Naaaaa... para evitar una empapada con la lluvia, existen los paraguas..., para los vientos huracanados, nada como un novio gordo; para los truenos, tapones de oídos; y, para los rayos y centellas, un edificio con pararrayos como refugio.
miércoles, 21 de octubre de 2009
BAD 2009: me muerdo la lengua, aquí y ahora

martes, 20 de octubre de 2009
BAD 2009: un éxito blogueril
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Los más cínicos que yo, alegan que se trata de una competencia a ver cuántos blogueros “siguen la misma directriz” de escribir sobre el mismo tema el mismo día; una especie de “Monkey See, Monkey Do” cibernético... o una manera de comprobar su poder de convocatoria.
Por esta vez, aunque me equivoque, prefiero pensar que la participación del Blog Action Day 2009 (BAD 2009) con el tema del cambio climático fue una mega exitosa gestión que contó con la participación de 32,000 “trackable posts”, de 155 países, a los que accedieron 18,076,773 millones de lectores. Participaron los blogueros gubernamentales de la Casa Blanca, en Estados Unidos; y en el Reino Unido, el Primer Ministro, Gordon Brown, entre otros... así como algunos de nosotros.
El evento contó con lel respaldo de más de 50 conglomerados sin fines de lucro como la coalición TckTckTck, The Alliance for Climate Protection, entre otras.
Quedan las palabras finales que aún no he visto publicadas: ¿y ahora, qué?
jueves, 15 de octubre de 2009
Nuestros Capitanes del Planeta ("DeMadre-III")

domingo, 11 de octubre de 2009
“Para tu colección de atardeceres”

Eso me dijo Ana, una extraordinaria fotógrafo que conozco desde antes de que los periódicos imprimieran fotos a color; cuando las cámaras eran aparatos pesados de 35 milímetros. Espléndida –como no todos los artistas de la cámara suelen ser- me regaló una hermosísima foto que tomó ¡desde su celular! Y, que con su autorización, muestro en esta entrada.
Lo tomó durante el primer atardecer de nuestro otoño caribeño, equivalente al primer atardecer de la primavera de mi amiga Emma, en Argentina; mi compañera de clases, Pamela, y el corillo de amigos de mi hijo (Gato, Pablo, Guillermo, Andrés, Nico y Fernando), todos, en Chile.
Justo cuando Ana estaba cuadrando su iPhone 3G (¿es ese tu modelo, Anita?) para congelar la imagen de atardecer con nubes azules, mi amigo Ramón y su esposa Graciela, en Sydney, Australia, se tomaban el primer café de la mañana, en un hermoso amanecer primaveral. Y un chin después, Ramón la podía ver desde mi página en facebook. Mi primer otoño en preludio a su primera noche; al amanecer del día (o al otro día) que con el mismo sol despertara la primavera. ¿Me equivoco, Ramón?
¡Cuánto ha cambiado la vida! Y qué mucho hemos cambiado nosotros; la fotografía, las cámaras; y nuestra relación con amigos en todas partes del mundo, con quienes nos comunicamos a cualquier hora de nuestros correspondientes días o noches ¡en tiempo real! Por msn, facebook o Skype; nos texteamos y nos intercambiamos fotos conversando sin perder el hilo. Fotos de amaneceres y atardeceres; los alpha y omega del día nuestros y suyos; suyos y nuestros.
Yo me pavoneo de vivir en el país de los más dulces amaneceres y de los más apasionados atardeceres. Y más aún: me pavoreo de poder ver el sol nacer de las entrañas del mar y ese mismo día, acompañarlo a que duerma en la profundidad de otro mar. ¿Que cómo? Amaneciendo temprano en un pueblito de la costa Este, donde desayuno; almorzando en el centro de la Isla, y sin estrés, esperar el mágico atardecer en el divino Oeste de mi país.
Podrán cambiar las cámaras, la forma de comunicarnos, pero los hermosos amaneceres y atardeceres de mi país, jamás.
Gracias Anita por ese atardecer azul. A Cualquiera le encantaría compartirlos acá con nosotras.
(Foto por Ana Martínez)
viernes, 9 de octubre de 2009
El vernáculo mío, y el de otros (“DeMadre-II”)
A tono con la entrada de ayer, me acaban de pedir que “separe” las que tengan que ver con la difícil faena de la maternidad para “consultarlas juntas”. No creo que sirvan para “Manual de Instrucciones”, pero como soy novata en ésto de la blogería, lo hago desde el título, en lo que las segrego como se supone. Si no averiguo cómo se hace en tiempo razonable, hago otro separado. Es la única forma de hacer estos cuentos sin que mis muchachos se enteren y se avergüencen...
Les cuento: quise que mis hijos aprendieran a comunicarse bien desde antes de que nacieran, así que hicimos lo que muchos creen que es una ridiculez: le hablábamos a la barriga. Cuando nacieron, les hablaba como si entendieran y fueran grandes. Tan es así, que mi hijo preferido –entre los mayores- dijo “brócoli” antes que “papá”, cosa que aún no me perdona... ya saben quién... A los 14 meses, durante expedición a casa de los abuelos postizos en Lake Placid; a casa de su padrino en Nueva York y luego al viaje turístico a Montreal y Québec, el muchachito sorprendió a gringos y no gringos con sus expresiones verbales en el MoMA, en el Museo de Historia Natural y en una exposición de mi novio Miró.
Cuando nació nuestro segundo hijo –mi favorito de los menores- no funcionaron las mismas estrategias. El muchachito había cumplido 3 años, ¡y no hablaba! “Horror”, dijo Mamá Gallina. Le tuvimos que decir a mi hijo preferido –entre los mayores- que dejara de traducirle para obligarlo a hablar. El bebito decía “A”, y el mayor corría a buscarle agua; decía “E”, y le llevaba leche. No recuerdo qué eran la “I” ni la “O”, pero “U”, era jugo. Tan pronto se le congelaron las traducciones, el enano habló en oraciones completas.
Vedé la televisión, excepto por Plaza Sesamo, versión mexicana, en español, un éxito: aprendieron a decir “papalote” en vez de “chiringa”. Ya con eso tenían dos idiomas y pude empezar con el concepto de los países hermanos latinoamericanos. Montessori me ayudó a “reforzar primero nuestro idioma”. Pero la transición a escuela regular nos causó un desfase. Era inminente el inglés, así que se empezó a estudiar como materia de clase, no para hablarlo en casa, como pasa en muchos hogares, con la excusa de "practicarlo".
Y para que aprendieran que no estamos solos en el mundo, los acerqué al francés. Le enseñé a mis hijos el bello idioma poniéndole una “e” acentuada a lo que estuviéramos hablandoré.
Resultó tan exitoso, que empezaron a estudiar el idioma “en serio” tan pronto tuvieron le opcioné en la escuelé elementalé, hasta graduarse de la superioré. El exité resulté en beneficié de ellos (ups... eso no suena bien), al punto que terminaron realizando un intercambio estudiantil en París: uno en una casa bote en el Sena, donde iluminaba sus noches en el camaroté-habitacioné con las luces de la Eiffel. El otro, en un apartamento –casi castillo- en el mismo vecindarié. Los residentes de sendos hogares estuvieron en casa para practicar su español; para entonces, yo me había comprometido con mis hijos a abandonar mi versión del lenguajé galo.
La gran lección: el vernáculo mío, no es el de otros, pero es maravilloso acercarnos a otras culturas para lograr mejor comunicación... cuando se hace con corrección.
No conforme, y para lograr mi sueño de comer bacalao en Lisboa, orar en el Santuario de Fátima, y beber oporto en su lugar de origen, decidí aprender portugués en unos cursos de educación continua para adultos. Los nenes, ya de universidad uno, y el otro de escuela superior, decidieron acompañarme. ¡Fabuloso!
Pero no contaba con que la profesora era de cuna brasileña y que el “vernáculo” de Portugal no suena igual que el de Brasil. Aunque no tuvimos problemas mayores, nos dimos cuenta en Lisboa.
¡A Cualquiera le sucede!
(Foto por Cass)
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