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sábado, 23 de julio de 2011

Noche en Skype

De todos los gatos que han llevado mi apellido, Noche ha sido el extraterrestre. La literatura de los “cat lovers” asegura que los felinos caseros pueden llegar a entender hasta 50 palabras. A Noche le podías hacer la historia de tu vida, y te entendía.

Su historia, más sencilla que la mía, empezó en la casa del tío, padre, o abuelo de Carmen, una de las asistentes administrativas de la Redacción del periódico en el que laboré por más de 2 décadas. El gatito negro era uno de una muchos hermanitos que había parido “una realenga”. A todos le encontraron casa, excepto al “negrito”.

-“Tráemelo, Carmen, que yo soy medio bruja y los gatos negros se llevan bien conmigo”, le dije sin medir mis palabras, ni a los oídos que las mismas llegaran. El comentario tuvo consecuencias, pero esa es historia de otro día...

Carmen me trajo el gatito una noche de luna llena; pero no había duda, era negro como la noche más anochecida… sin luna. Y conociendo que los nombres de los animales deben tener un máximo de dos silabas, “Noche” se quedó.

Juguetón y amoroso se crió entre las habitaciones de dos varones y la biblioteca de un matrimonio. Se trepaba en las faldas y los escritorios de los 4 residentes de la A #10 y jugaba a perseguir los dedos de 8 manos por los teclados. Sin duda, le gustaban las compus.

Fuera de la casa se transformó en un líder de la nutrida población de gatos del vecindario. Orgulloso, altanero y súper inteligente, me escoltaba calle abajo cuando salía en bici por las mañanas, y después cuando guiaba hacia el trabajo. Nunca salió del portón del guardia de seguridad.

De él, atesoramos muchas historias. La mejor: le gustaba Skype. Lo probó el día antes de que Mi Hijo Favorito de los Mayores viajara como estudiante de intercambio a Salamanca.

Su pelaje negro, llegó a estar salpicado de canas. Parecían lejanas estrellas de un cielo nocturno de luna nueva.

Noche amaneció muerto dos días después de uno de mis cumpleaños. Lo encontramos frente a la casa, como el “gato-guardián” que era. Todavía lo extrañamos.

(Foto, del álbum familiar)

domingo, 20 de junio de 2010

"El Mejor Padre que te pude escoger"* (deMadre XVIII)

La verdad es que mi Hijo Favorito de los Mayores no se parece a su padre; y que no por eso mi esposo es feo. El “problema del papá" continuó a través de toda la primaria, cuando lo molestaban por el apellido. El lío era que su padre tiene un apellido de solamente tres letras. Eso le costó que lo fastidiaran y le pusieran sobrenombres.

Sin embargo, el tipo del “feo” del apellido de tres letras de quien él no se parecía, lo llevaba al baloncesto, jugaba a los piratas en la cama, lo subía y le daba vueltas; y siempre estuvo pendiente de todos los intereses, detalles y gustos de su Primogénito.

Sus cumpleaños siempre fueron fiestas nacionales. Era su Padre quien lo llevaba a jugar golfito, a la bolera y a correr bici en el paseo tablado que bordea la playa. En otro de los cumpleaños, cada espacio de la casa se convirtió en un festival de Monopolio y su padre estuvo pendiente de todos los detalles. En otro, casi una decena de casetas de campaña ocuparon el patio. ¿Y quién se encargó de que no se martillaran los dedos? El del apellido de las tres letras: Súper Papi.

Ya nadie se burlaba del apellido de tres letras ni de que el Primogénito no se pareciera a su padre.

Una noche de esas en las que los muchachos empiezan las salidas nocturnas y las restricciones de las 12 de la medianoche (que siempre se pueden extender un poco más), recibimos una llamada del Primogénito: estaban en el carro de un amigo, y por la falta de experiencia, dejaron las luces encendidas mientras iban al cine. El amigo no se atrevió a llamar a su represivo padre, y le pidieron a nuestro hijo que llamara a Súper Papi, a sabiendas de que los socorrería sin peleas.

Yo me escandalicé como gallina alborotosa y lloré rogándole a mi esposo que fuera a socorrerlos. Su táctica fue otra. “Para que aprendieran”, les dio las instrucciones paso a paso para que cargaran la batería con los cables de no sé qué e hicieran no sé cuánto. Los chicos salieron del aprieto gracias a Súper Papa. Y así ha sido unas cuantas veces más. Todavía hoy, Súper Papi ayuda al aspirante a abogado a hacerse corbatas y a “bregar con el carro”.

Son tantas las historias, que continuarán como novelas de entrega. Y nunca le he tenido que repetir al muchachote lo que le dije en Kinder: "Tu papá es el Mejor Padre que te pude escoger". Eso no necesariamente le sucede a todos los hijos...

¡Feliz Día de los Padres, mi amor!

(Foto, del álbum familiar, circa 1985)

*Post itinerante desde el blog deMadre, su verdadera casita.

sábado, 10 de abril de 2010

El día que no me suicidé*********

El tema del suicidio no es precisamente de mi agrado. Sin embargo, hace dos martes tuve que asegurarle a mi familia que no me estaba suicidando.
Explico rápidamente: tras un aumento vertiginoso en la incidencia de convulsiones que padezco hace 12 años por culpa de un Intruso, hubo que aumentar las dosis de los medicamentos. Problema: para no tomarme tantas pastillitas de 5mgr, ni de 10mgr, me recetaron unas de 200mgr. Para llegar a las nuevas dosis, tenía que picar a la mitad las de 200 y tomarla tres veces al día, combinadas con otras cantidades de las de 10mgr.

Situación: me enredé en una agria discusión con mi esposo relacionada con un tema que ni recuerdo... ni importa... Error: estaba contestando mensajes y justamente había hecho un paréntesis para tomar las nuevas dosis de anticonvulsivos
Escenario: mi mesa de trabajo, en la biblioteca de la casa. Utilería: la pc sobre dos escritorio en forma de L con tope de cristal. Cierra el telón.

Abre el telón. Tiempo transcurrido: una hora después. ¡Acción! Mi cabeza se desploma sobre el escritorio con tope de cristal. Amortigua el golpe una libreta abierta. Diálogo:
-“Mi amor”, (¡Ahhh, ahora es “mi amor”! Muy bonita, después de una pataleta, ¿verdad?),
-“Creo que me tomé una sobredosis de medicamentos hace una hora. No puedo ni con el culo. Llévame a la cama que me siento mal”

Y, ¿qué hizo el maridito a quien le habían armado la perreta? Llevar a la primerísima actriz al aposento matrimonial como si fuera un saco de papas. Un pesadísimo saco de papas que se sentía como un saco de piedras. Afortunadamente nuestro hijo mayor –el favorito de los mayores- aún no había salido a la universidad y pudo ayudar a acomodarme en la cama. Esposo e hijo me preguntaban si sabía lo que pasaba y lo que sentía mientras yo volaba los ojos en blanco.
-“Me tomé más pastillas de la cuenta. Pero fue una equivocación, lo juro. No me estaba suicidando. No me suicidé, ¿verdad? Yo no me quiero suicidar. ¡Pero no me lleven al hospital!”
Mientras balbuceaba esas líneas y sin fuerzas para mover un dedo, el diálogo se interrumpía con bocanadas de risas incontrolables.
-“¡Juaaa, ja,ja, jajajajajaaaaa!”
-“Máma, ¿qué sientes? Ay Máma, si estás riéndose como yo cuando me emborracho”
-“Y te emborrrrrrachassss muuuchoooo, mijito?”
-“Nooo, pero esas pocas veces hago lo mismo que tú”.
-¿El ridículo? ¡Juaaa, ja,ja, jajajajajaaaaa! ¡Al hospital no! ¡Al hospital no!” Esas últimas líneas eran mi argumento repetido, pero combinado con la risería. Sabía que de ir a una Sala de Emergencias, los médicos redactan un informe. Y como parte del protocolo avisan a la policía, que a su vez, lo incluye en el libro de incidencias, que pasa a manos de la prensa que cubre las notas policíacas...
-"¡Nooooo! No me estaba suicidando. ¡Juaaa, ja,ja, jajajajajaaaaa! No me suicidé. No me quiero suicidar. ¡No me lleven al hospital! ¡Juaaa, ja,ja, jajajajajaaaaa! No me suicidé".

Si están leyendo éstas líneas, obviamente no me suicidé, pero sí aprendí las “Lecciones del martes 30 de marzo”:
1. no pelear cuando me voy a tomar los anticonvulsivos
2. dejar escrita una carta que jure que no me suicidé, con instrucciones expresas de que lean mis blogs para que confirmen que me gusta vivir
3. marcar con asteriscos... ésta entrada que explica que me puedo despistar porque soy muy peleona
4. dejar de comer helado de chocolate todas las noches para rebajar de peso y que no me carguen como un saco de papas y me sientan como un saco de piedras
5. asegurarme que la mayor cantidad de personas lo sepan y que la lección sea para todos, porque esta equivocación... a Cualquiera le sucede, especialmente si tiene que conVivir con un Intruso.

Como nota al calce, sigo convulsando. Ahora tengo pánico de que me aumenten la dosis y pase el resto de abril haciendo el ridículo con un interminable ¡Juaaa, ja,ja, jajajajajaaaaa!

(Foto x Cass... por equivocación, no se incluyó en la foto las pastillitas de 5mgr ni las de 10)

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